miércoles, 10 de diciembre de 2008

Ambición


Siempre nos han dicho que no hay que ser ambiciosos, sobre todo cuando éramos pequeños. Y también hemos escuchado aquello de que la ambición rompe el saco, y otros dichos populares en torno a esta cualidad innata al ser humano, aunque nos esforcemos por disfrazarla de múltiples maneras.

Me he parado a reflexionar sobre el tema y creo que ser ambicioso no es malo porque bien llevada, la ambición es el motor que hace que el ser humano no cese en su empeño de lograr metas, por ejemplo. Siempre se ha dicho que los extremos no son buenos, y es verdad, por eso en el tema de ser ambiciosos siempre que la ambición no suponga pisotear los derechos de los demás, y no respetarlos, por lo demás, hay que ser ambiciosos en su justa medida y seguir trabajando para avanzar hacia el futuro.

Miguel Ángel Perera en la cena de la Peña El Albero en 2007.- LDíez

La cuestión de la ambición como tema me la sugirió hace un momento el apoderado del torero extremeño Miguel Ángel Perera. Preguntado por su visión del matador después de la temporada histórica que ha protagonizado este año, Fernando Cepeda destacó, entre otras cosas, sobre todo la ambición del torero para conseguir cada meta que se proponía. Esa es probablemente una de las principales claves del éxito, de Perera en este caso, y de otros nombres anónimos en el día a día.

Por cierto, Miguel Ángel Perera que creció a la sombra del Colegio San José de Villafranca de los Barros, aunque natural de Puebla del Prior, está recibiendo estos días el reconocimiento, el cariño y el homenaje de aficionados, profesionales y allegados a su toreo. Así lo ha dispuesto la Peña Cultural Taurina El Albero de Villafranca de los Barros que desde sus comienzos como novillero estuvo a su lado, más que con el deseo, que también, con la confianza plena de que aquel muchacho espigado llegaría lejos en el mundo de la tauromaquia. Desde luego, 2008 ha sido su año y casi no hay coso donde no haya coronado alguna faena de las de reseñar para la posteridad.

Miguel Ángel Perera, un joven ambicioso sobre el albero, de profesión... torero.

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